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Ciudad natal de Frank Kafka, autor de “La Metamorfosis”, Praga sigue siendo una de esas ciudades que invita a volver y que uno se resiste a dejar, cuando la conoce. El visitante suele quedar cautivado por el halo mágico que impregna sus encantadoras sus calles, sus genuinos cafés, su aroma a letras danzando por escenarios milenarios.
Praga debe conocerse y visitarse a pie. De esta manera uno se dará cuenta, a lo largo de ese placentero paseo, de quien es y como es la ciudad que lo alberga en su seno. Uno acaba sintiendo y conociendo la condición natural de Praga: inquieta, alegre, misteriosa, melancólica, culta y europea. Todo un rico mundo configurado a partir de sus principales escenarios y recónditos rincones.
Situada en el centro de Europa, la llamada ciudad de los mil campanarios ha sido construida y reconstruida en los más diversos estilos artísticos. Esta ciudad, parece salida de un cuento de hadas en todo su conjunto. Alberga en su interior palacios, torres y iglesias, fortificaciones y museos en los que aparecen representadas las principales corrientes arquitectónicas. Se trata, por encima de todas las cosas, una ciudad de enorme riqueza cultural.
Desde el año 1992 su núcleo histórico está catalogado como Patrimonio Cultural y Natural Mundial por la UNESCO, dado su extraordinario interés cultural y paisajístico.
El punto de partida de este periplo a lo largo de Praga puede establecerse en la Plaza de la Ciudad Vieja, Staromestske Namesti, la más importante de la Praga histórica, que data del S. XII y está limitada por la Iglesia de San Nicolás, de estilo barroco, y el Palacio de Goltz-Kinský, uno de los más bellos edificios de la capital de la República Checa, de estilo rococó y actual sede de la Galería Nacional.
Justo en frente de la Plaza, el visitante se encuentra con la iglesia de Nuestra Señora de Tyn – el templo gótico más destacado de Praga- y al sur de la misma, el original Reloj Astronómico de la Torre del Ayuntamiento Viejo, sofisticado mecanismo que data de 1490 y que reproduce los planetas y el Mundo conocido. Las figuras de la Muerte y los Apóstoles se mueven con el discurrir de las horas.
Muy cerca se encuentra la calle Karlova, que conduce al río desde el Ayuntamiento y pasa frente al Clementinum, antiguo convento jesuita que ahora acoge la bellísima Biblioteca Nacional, poseedora de la obra más completa de Kafka.
Otra vuelta alrededor de la Plaza de la Ciudad Vieja desemboca en la calle Parizska, llena de tiendas y cafés modernos. En dicha calle, el visitante encontrará la Sinagoga Vieja Nueva (Staronova), la más antigua de Praga.
Desde la orilla oeste del Moldava y subiendo hacia el Castillo, aparece el Callejón Dorado o Calle de los Alquimistas y un poco más arriba, la muralla norte de la ciudadela, levantada sobre la colina de Hradcany. Aparece entonces, uno de los principales atractivos de la ciudad, el Castillo de Praga, que como si de una ciudad en se tratase, alberga capillas, la Catedral de San Vito, el Palacio Real, jardines e incluso viviendas adosadas a las murallas.
Muy cercano se encuentra el Puente de Carlos donde vendedores ambulantes y músicos callejeros amenizan el paseo por el puente más antiguo de la ciudad y el único cerrado al tráfico. Cuenta con 515 metros de largo y 10 metros de ancho y aparece fortificado en ambos lados por 2 majestuosas torres.
Por otro lado y a nivel gastronómico, el visitante de la capital de la República Checa no podrá marcharse sin probar las deliciosas albóndigas de pan o patata o la tradicional choucroute, especie de col fermentada. Además de el knedlo-vepro-zelo, carne asada de cerdo y col, el bramborak, tortilla de patatas, svickova, exquisita crema espesa o bramborak salat se sekanou, ensalada de patatas aderezada con especias.
Los dulces están siempre presentes en la mesa de los checos, destacando las deliciosas tortitas rellenas de chocolate, frutas o nata.
Praga ofrece numerosos artículos en forma de recuerdo y con el sello propio de esa tierra. Éste es el caso de de las delicadas piezas de porcelana de Bohemia en forma de candelabros, fuentes, soperas o salseras, algunos de los ejemplos de las bellas creaciones artesanales que pueden encontrarse en la capital de la República Checa. |