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En pleno océano atlántico, muy cerca del centro de Europa, se sitúa la bellísima Isla de Madeira, conocida en el mundo entero por su entorno natural. Uno de sus principales reclamos (además de sus montañas y acantilados) son los prehistóricos bosques de Laurisilvas, declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Esta isla portuguesa, más cerca de Marruecos que de Portugal, es la más grande de las islas que conforman el archipiélago del mismo nombre, que nació hace 20 millones de años tras una intensa actividad volcánica. Cuando uno se dirige a la capital de Madeira, Funchal, se encuentra con casas de un blanco luminoso que van ocupando enormes extensiones a lo largo de las laderas que se precipitan por la bahía.
Se trata de una ciudad limpia y abierta, con espectaculares vistas al mar y a la montaña, cubierta por abundantes jardines y plazas. En la Zona Velha, alrededor de la Sé o catedral, se concentran la mayoría de atractivos, ya sea para tomarse algo en alguna de sus terrazas o modernos cafés (como en el resto de Portugal, el café de Madeira es excelente).
El Museo Sacro, con vistas a la plaza del Municipio, es uno de los mejores museos de la isla, con una colección de obras maestras flamencas, muchas obtenidas en el pasado gracias al trueque de azúcar. Aunque la ciudad está repleta de variopintos museos, como el de la electricidad o del azúcar, aparecen nuevos como el que fue inaugurado en el 2005: Madeira Story Centre, que propone un recorrido interactivo por la historia de Madeira desde sus orígenes volcánicos. Otro de los atractivos de la ciudad, es su gastronomía. Pez espada con banana, ensalada de sardinas o la espetada (brocheta de ternera adobada con ajo) son algunos de los platos madeirenses con los que los amantes de buen paladar podrán deleitarse.
Por otro lado, el Vino de Madeira, con más de 400 años de antigüedad, es otro de los reclamos para el turista de esta tierra. Sus múltiplas variedades se adaptan a los diferentes momentos de la comida: los vinos son servidos frescos como aperitivo, los más dulces acompañan el postre y los más suaves y aromáticos son un excelente digestivo. Ideales para ser bebidos escuchando buenos fados. También son conocidos los bordados de Madeira, en lino, seda natural, organza o algodón. |